Costa Cálida
Costa Cálida es el nombre turístico de los aproximadamente 250 km de costa mediterránea de la Región de Murcia, España. Se extiende desde El Mojón por el norte, cerca de la provincia de Alicante hasta cerca de Águilas por el sur. Abarca localidades costeras como: San Pedro del Pinatar, San Javier, Los Alcázares, La Manga, Cartagena, La Azohía, Puerto de Mazarrón, Águilas, etc.
Dos mares en una sola costa, el Mar Menor y el Mediterráneo, impresionantes acantilados, paradisíacas y solitarias playas de interminable y blanca arena, animados puertos y calas salvajes de aguas de espejo, más de 3.000 horas de sol al año y suaves temperaturas, incluso en invierno, con una media anual de más de 18ºC. Así es la Costa Cálida, el destino ideal para pasar unos inolvidables días de descanso sea invierno o verano.
El litoral murciano, con más de 170 km. dibuja una costa acantilada y rocosa, interrumpida por pequeñas playas y calas, en las que se reúne una enorme variedad de ecosistemas: salinas, humedales, dunas y playas. Así, la mitad de las áreas que actualmente integran la red de Espacios Naturales Protegidos de la Región está ligada a esta franja litoral. Este es el hábitat de la sabina mora, un árbol propio del norte de África que no se encuentra en el resto de Europa.
Es un horizonte de adelfas, chumberas y palmito silvestre, que recuerda, en alguna atalaya, el peligro de la piratería y aparece con la misma calma solemne que en los tiempos de los navegantes aventureros dispuestos a volver con las naves repletas. El grito de las gaviotas y el zumbido de las cigarras son a veces el único sonido que irrumpe en la luminosa atmósfera.
Por su singularidad destaca el ambiente único es el Mar Menor, una laguna costera de agua salada de 180 km2, separada del Mediterráneo por la barra arenosa de La Manga. El carácter dual de este territorio tiene un protagonista: el río Segura, en torno al cual se articula gran parte de la geografía murciana. Desde su nacimiento en Pontones (Jaen) el Segura inunda los arrozales de Calasparra, forma el profundo cañón de Los Almadenes y riega las vegas del valle morisco de Ricote y la Huerta de Murcia. Sus acusados estiajes y fuertes crecidas ha llevado a construir 16 embalses de regulación para asegurar el abastecimiento urbano y agrícola, a la vez que sirven para el plan de defensa contra las avenidas.
La Manga del Mar Menor es una lengua de tierra de 24 km de extensión, que se fue estructurando desde Cabo de Palos hacia el norte. Su formación fue debida a la sedimentación de arena que aportaban las corrientes dominantes en la zona. Al oeste de esta lengua de tierra queda el Mar Menor, que es como un gran lago de agua salada, con una pequeña abertura. Al este se encuentra el Mar Mediterráneo. Ambos mares están comunicados por unos canales, denominados "golas", por medio de los cuales el agua discurre entre ambos.
En el siglo XVI, lo que hoy se conoce como Mar Menor era una bahía abierta, y La Manga era un largo ribete de pequeñas islas, muy juntas unas de otras. Con el tiempo se fue acumulando entre las islas la sedimentación de tierras hasta dar lugar a La Manga del Mar Menor. Aún puede contemplarse una zona similar a su estado originario en la parte norte correspondiendo a las Salinas y Arenales de San Pedro del Pinatar, ya que al tratarse de un parque natural no ha sido absorbido por la presión urbanística.
Los amantes de los deportes náuticos encontrarán además uno de los mejores lugares del mundo para practicar vela, piragüismo, natación, esquí, motonáutica, flysurf, windsurf, catamarán, toda clase de actividades náuticas en los numerosos clubes, puertos y escuelas deportivas. La Estación Náutica del Mar Menor y los consorcios de Águilas y Mazarrón ofrecen la posibilidad de alquilar material, contratar cursos de vela y reservar alojamiento en unas condiciones muy ventajosas.
Hoy en día la localidad vive básicamente del turismo que nutre sus playas durante todas las épocas del año gracias a su cálida climatología, y forma parte de la Estación Náutica Mar Menor, lo que asegura al visitante la oferta de actividades y deportes náuticos, destacando los de vela por las excelentes condiciones para su práctica que reúne el Mar Menor.
Excelentes vegetales de la huerta, buena oferta de carnes y los preciados tesoros del mar, asimilando productos que dejaron los pueblos que durante siglos allí se instalaron. Los romanos mostraron la forma de hacer conservas y salazones de pescado, los árabes, entre otros mil productos, aportaron el arroz, su cultivo y su forma de cocinarlo, y las especias, condimentos y plantas aromáticas.
En la costa, decir, por ejemplo, caldero es invocar arroz, pescado, mújol, rape, mero, cocinados en perola de hierro, presencia de pimiento de bola y ali-oli. Hay que contar con los pescados hechos a la sal, en el horno. Huevas de mújol, mojama de atún, langostinos del Mar Menor. En la misma aventura no podemos prescindir del pastel de cierva, relleno con huevo y carne. Si nos gusta el pescado y estamos en Águilas, hay que pedir moraga de sardinas, o el arroz que aquí se hace a la piedra. Si reclamamos la cocina de la Huerta de Murcia, arroz y habichuelas, olla gitana, cocido de pava con pelotas, michirones, guisos de pollo o conejo.
Además, en la Región de Murcia se cultivan viñas y se crean vinos desde los tiempos de los romanos. Junto a los del Campo de Cartagena, destacan los de Ricote y, por supuesto las tres Denominaciones de Origen: Jumilla, Yecla y Bullas. Vinos blancos, tintos y rosados ricos en matices. Para todos los gustos, para todos los paladares.
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